Alofoke y la política:
Dra. Alexandra Hichez Médico Psiquiatra
Hay un fenómeno que la clase política dominicana lleva años sin querer entender: que el poder no siempre se ejerce desde un escaño, a veces se ejerce desde un micrófono y en República Dominicana, ese micrófono ya tiene nombre: Santiago Matías, Alofoke.
Según análisis que yo misma realice de inteligencia artificial aplicados a medios digitales, redes sociales y prensa nacional, Alofoke es el nombre más mencionado en República Dominicana en 2025, por encima de políticos, deportistas y empresarios. Esto no es un dato de entretenimiento es un dato que se convierte en poder, y el poder, cuando se ignora, no desaparece…SE ACUMULA.
Santiago Matías habia dicho sin ambigüedad que no aspira a la presidencia (aunque de manera particular les digo…DUDENLO), yo les aseguro que desde este momento desempeñará un papel determinante en las próximas elecciones, particularmente movilizando al segmento juvenil que históricamente muestra baja participación en los comicios nacionales.
Esto merece ser leído con cuidado, porque lo que él les está describiendo no es un plan de campaña es una arquitectura de influencia que ningún partido político dominicano ha logrado construir en una generación.
Como psiquiatra, lo que menos me interesa es el debate sobre si Alofoke «merece» entrar o no a la política, lo que mas me interesa como estudiosa de la politica es su fenómeno, el cual revela como se manifiesta la psicología colectiva de los dominicanos. Una sociedad que convierte a un hombre de Capotillo en la figura más influyente del país no está siendo superficial está buscando algo que la política tradicional no le ha dado: autenticidad, accesibilidad y la sensación de que quien habla conoce su realidad de los de abajo.
Ahora bien mostremos la vergüenza de los números del 2024
En las elecciones presidenciales del 19 de mayo de 2024, de 8 millones 145 mil 548 ciudadanos habilitados para votar, el 45.6% no se presentó a sufragar el voto, la abstención más alta registrada en los últimos ocho procesos electorales. En las elecciones municipales de febrero de ese mismo año, ese número superó el 70% según los primeros boletines de la Junta Central Electoral. Nuestro ganador presidencial obtuvo el respaldo efectivo de aproximadamente el 30% de los electores habilitados.
Dicho de otra forma: el presidente de todos los dominicanos fue elegido por menos de uno de cada tres dominicanos con derecho al voto.
Pero hay un dato que la clase política dominicana debería tatuarse: los jóvenes representan entre el 35 y el 40% del padrón electoral y muestran los mayores índices de abstención, vinculados directamente al desempleo, la precariedad y la desconfianza institucional. Son la mayoría silenciosa. Y son exactamente la audiencia principal de Alofoke.
Las elecciones 2024 presentaron el mayor apogeo de votantes jóvenes entre 18 y 45 años, con un 56.5% de participación en ese segmento. En contraste, los adultos mayores fueron los que menos participaron, con apenas unpoco mas del 1.5%. Eso revela algo crucial: los jóvenes son los mayores votantes pero la mayoría si hablaramos en el dia de hoy no han encontrado una razón suficiente para ir a las urnas y Alofoke habla este idioma, su idioma mejorcualquier político tradicional.
Esa decepción y desesperanza acumulada de la que he hablado desde hace tiempo es el verdadero caldo de cultivo de este fenómeno. NO ES CASUALIDAD ES CAUSALIDAD.
Los partidos tradicionales siguen operando con la lógica del siglo pasado: cúpulas cerradas, candidatos elegidos a dedo, discursos fabricados para ganar votos que se olvidan al día siguiente de la elección. Mientras tanto, una generación entera de dominicanos ha crecido viendo cómo sus líderes se enriquecen, cómo la impunidad se institucionaliza y cómo las mismas caras rotan por los mismos cargos sin que nada cambie de fondo. Ante menor participación, los partidos intensifican estrategias para lograr un voto perpetuando exactamente el ciclo que aleja al ciudadano de las urnas.
La tendencia tampoco es nueva: la abstención ha crecido sostenidamente en el año 2000 fue 23.86% , en el 2020 un 44.71% y en el 2024 un enorme 45.63% la desidia de cada cuatro años a mostrado que más dominicanos deciden que ninguna de las opciones merece su tiempo. Eso no es indiferencia es un veredicto, mas aún en la generación actual.
La juventud es la que tiene las herramientas para transformar la forma en que se hace política, cómo se participa y cómo se incide. Pero para que eso ocurra, alguien tiene que hablarles en su idioma. Y hasta ahora, la política tradicional ha fallado sistemáticamente en ese intento.
La propia embajadora de Estados Unidos en República Dominicana ha señalado que detrás de la imagen pública de Alofoke existe una profundidad y un compromiso con su país que muchas personas no perciben. Cuando la diplomacia norteamericana nota eso, la clase política dominicana esta obligada a prestar atención.
El PRSC ya ha abierto sus puertas formalmente a la posibilidad de que Matías busque la presidencia en 2028. Pero más allá de las estrategias partidarias, la pregunta que realmente importa es otra: ¿qué nos esta diciendo nuestra democracia cuando una figura sin cargo sea más escuchada que la mayoría de los que sí lo tienen?
Que Alofoke haya denunciado públicamente amenazas la misma semana en que su nombre circulaba en afiches de candidatura, no es una coincidencia menor. Es la señal más clara de que alguien, en algún lugar del poder establecido, siente que este hombre de capotillo representa una amenaza real. Y es bien sabido para los politicos que lo que amenaza al poder establecido, en una democracia sana, suele ser exactamente lo que el pueblo necesita.
Mi rol en este momento es leerles los signos sociales, es parte de mi oficio.
La pregunta no es si Santiago Matias debe entrar a la políticao no, la pregunta es: la política dominicana está lista para un hombre que ya no necesita pedirle permiso a nadie para ser escuchado?
Y si la respuesta de las estructuras tradicionales a esa pregunta es la intimidación y el silencio entonces ya tenemos el diagnóstico. Y el pronóstico no es favorable para ellas.


