domingo, octubre 18, 2026

Salud mental y seguridad social: ¿está preparado el sistema para atender una crisis silenciosa?

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Por: Walddy Lina Polanco Hernández

SANTO DOMINGO.- La violencia de género deja heridas que no siempre son visibles. Después de una agresión, muchas mujeres enfrentan ansiedad, depresión, miedo persistente, alteraciones del sueño, pérdida de autoestima y otras consecuencias psicológicas que pueden prolongarse incluso cuando la relación violenta ha terminado.

Pero entre reconocer que necesitan ayuda y completar un tratamiento existe una cadena de obstáculos: encontrar un profesional disponible, asumir el costo de una consulta, conseguir cobertura, acceder a medicamentos cuando son necesarios y, sobre todo, mantener la continuidad de la atención.

Durante el recorrido por la clínica independencia entrevisté una paciente del Dr. Vásquez, llamada Leire Victoria Báez, la cual con mucha sinceridad nos dijo que era lo más difícil para ella

“Lo más difícil para mí, no fue admitir que necesitaba ayuda, sino mantener el tratamiento. Al principio pensé que con dos o 3 consultas iba a sentirme mejor, pero entendí que necesitaba más ayuda. Cada cita significaba buscar más dinero, y Cuando el tratamiento incluye más medicamentos, el gasto se hace todavía mayor. Entonces entendí que tener un seguro no necesariamente significa que todo el proceso esté cubierto.” Expresó

La pregunta, entonces, trasciende cuántas mujeres sufren violencia de género: ¿qué ocurre con su salud mental después de la violencia y qué tan preparado está el sistema de seguridad social para acompañarlas en su recuperación?

Si cuentas con un plan complementario o voluntario de las ARS privadas, la cobertura sí existe pero funciona mayormente mediante coaseguro o reembolso y con un tope estricto de sesiones por año. Algunos ejemplos de lo que realmente cubren los planes según la aseguradora incluyen

ARS Humano (Planes Platinum, Prime, Max, etc.): Cubre entre 10 y 40 consultas al año, dependiendo de qué tan premium sea tu plan, reembolsando montos fijos por sesión (desde RD$2,500 hasta RD$5,000) o cubriendo el 80%

MAPFRE Salud: Sus coberturas van desde 8 consultas virtuales de orientación al año en planes básicos, hasta 10, 20 o 30 consultas presenciales por año en sus planes Preferencial, Ejecutivo y Prestige respectivamente

SeNaSa (Planes Contributivos Máximo/Premium/Larimar): Ofrecen cobertura de reembolso de un 80% de la consulta.

Futuro ARS: Cubre el 80% con un límite estricto de 10 consultas al año.

La propia ONE advierte que la violencia contra las mujeres tiene consecuencias en el corto, mediano y largo plazo y puede producir distintos problemas de salud. 

Mientras tanto, SISALRIL señala que el Plan Básico de Salud tiene un catálogo único de prestaciones para los afiliados y que existen cuotas moderadoras en el régimen contributivo. También reconoce que el monto estándar de cobertura para consultas es de RD$500, mientras que el médico puede cobrar diferencias por encima de ese monto.

Miles de mujeres dominicanas han experimentado violencia a lo largo de su vida. Pero cuando termina la agresión comienza otra batalla: enfrentar las consecuencias psicológicas, buscar ayuda y conseguir un tratamiento que puedan sostener. Esta investigación sigue ese recorrido y pregunta si el sistema de seguridad social está preparado para acompañarlas hasta su recuperación.

República Dominicana registró más de 24,000 asistencias psicológicas a mujeres en situación de violencia durante 2025. Pero detrás de ese número permanece una pregunta que las estadísticas disponibles todavía no responden: ¿qué ocurre con la salud mental de las sobrevivientes después de la agresión y puede el sistema garantizarles atención continua hasta su recuperación?

Familiar dándole apoyo

Durante 2025, los servicios de salud mental de la Red Pública registraron 272,570 consultas, de las cuales 194,351 correspondieron a psicología y 78,219 a psiquiatría. El número representó un incremento de 20,056 consultas respecto al año anterior.

Solo entre enero y septiembre de 2025 se habían realizado 247,687 consultas externas de salud mental: 176,017 de psicología y 71,670 de psiquiatría. 

La magnitud de la demanda también debe observarse dentro de un contexto regional. La OPS en su página oficial estima que la brecha de tratamiento para los trastornos mentales en América Latina y el Caribe supera el 77.9%, es decir, más de tres de cada cuatro personas que necesitan atención no la reciben. 

En República Dominicana, estimaciones citadas por especialistas sitúan en alrededor de 4.7% la prevalencia de depresión, equivalente a más de medio millón de personas.

 

No todas esas personas necesitarán el mismo nivel de atención. Algunas requerirán acompañamiento psicológico; otras, evaluación psiquiátrica, medicamentos, terapias especializadas o atención de emergencia. Precisamente por eso, el reto no consiste únicamente en aumentar el número de consultas, sino en construir una ruta de atención que permita al paciente entrar, permanecer y avanzar dentro del sistema.

En 2026, el Servicio Nacional de Salud informó que la Red Pública contaba con 47 Unidades de Intervención en Crisis y alrededor de 300 camas destinadas a pacientes en crisis de salud mental, con la meta de alcanzar 500 camas antes de finalizar el año. (Fuente SNS)

El SNS también reportó un crecimiento del personal especializado. De acuerdo con sus cifras, los psiquiatras pasaron de 136 en 2020 a 168 en 2026, mientras los psicólogos aumentaron de 673 a 1,119 en el mismo período. 

El director ejecutivo del SNS, Julio Landrón, ha defendido la ampliación de la respuesta pública y ha señalado que el Estado busca garantizar atención desde cuadros depresivos hasta situaciones de crisis y riesgo suicida. 

El ministerio de salud pública, también anunció que en el presente año 2026 se habilitó la línea 811 de salud mental, concebida como un servicio gratuito y permanente para facilitar el acceso a orientación y atención. 

Estos pasos representan un cambio importante frente a un modelo que durante años concentró buena parte de la respuesta en la atención hospitalaria y en la intervención cuando la crisis ya estaba instalada.

Pero el aumento de servicios plantea otra pregunta: ¿qué ocurre con el paciente después de la crisis?

La seguridad social: cobertura versus continuidad

En el ámbito del Seguro Familiar de Salud, el Plan de Servicios de Salud contempla consultas ambulatorias, hospitalización, medicamentos y otros servicios. SISALRIL dispone de una herramienta para que los afiliados puedan consultar las prestaciones, sus montos, límites y condiciones. 

El catálogo también contempla la consulta psiquiátrica o psicológica y establece condiciones para el internamiento en casos agudos o de agudización de enfermedades crónicas. 

Sin embargo, hablar de cobertura no necesariamente significa que el paciente pueda completar un proceso terapéutico sin obstáculos.

Una persona puede tener derecho a una consulta y, aun así, enfrentar dificultades para encontrar un profesional disponible dentro de la red de su ARS. Puede necesitar varias sesiones de psicoterapia y encontrarse con limitaciones prácticas. Puede requerir un medicamento de uso prolongado y preocuparse por el costo cuando la cobertura disponible resulta insuficiente.

El ministro de salud pública, Dr. Víctor Elías Atallah precisó que la salud mental es una prioridad para el Estado, destacando además la conexión que existe entre la salud mental y la educación. En ese sentido, exhortó a la ciudadanía a priorizar su bienestar emocional y psicológico como parte esencial de la vida.

De su lado, Julio Ravelo Astacio, presidente de la Sociedad Dominicana de Psiquiatría (SDP), afirmó que la salud mental está tomando un nuevo rumbo en el país y que, en lo adelante, se deben definir áreas, compromisos y responsabilidades para fortalecer esta rama.

“Sin salud mental no hay salud física, y esto debe quedar claro”, expresó, al tiempo que resaltó el trabajo realizado por el Ministerio de Salud y los avances del Plan Nacional de Salud Mental, indicando que tanto las autoridades como la ciudadanía en general deben respaldar esta iniciativa.

Aquí aparece uno de los puntos más sensibles del debate: la continuidad del tratamiento.

El cuadro de cobertura del PDSS establece, entre otras prestaciones, cobertura para medicamentos ambulatorios de hasta RD$12,000 por afiliado al año, con 70% de cobertura y 30% de copago bajo las condiciones establecidas. 

Para un paciente que necesita tratamiento farmacológico continuo, el límite puede convertirse en una variable determinante cuando se acumulan consultas, medicamentos y otros gastos asociados a su condición.

La propia seguridad social ha comenzado a revisar este escenario.

En abril de 2026, el Consejo Nacional de Seguridad Social solicitó a SISALRIL una revisión integral del Catálogo de Prestaciones de Servicios de Salud, incluyendo procedimientos, medicamentos y atenciones médicas cubiertas por el Seguro Familiar de Salud. 

Y en junio de 2026 se produjo otra modificación relevante: mediante el decreto 286-26 se estableció que las recetas médicas pueden ser válidas para fines de cobertura aunque el profesional que las emita no esté contratado por la ARS, siempre dentro de las prestaciones, límites y condiciones del sistema. El CNSS presentó la medida como un avance para facilitar la continuidad de los tratamientos. 

Para los especialistas en salud mental, el desafío no consiste solamente en disponer de psiquiatras, psicólogos o camas hospitalarias.

Un paciente puede necesitar primero una evaluación, después psicoterapia, una valoración psiquiátrica, medicamentos y controles periódicos. Si alguno de esos componentes falla, aumenta el riesgo de abandono.

¿Una crisis silenciosa?

La OPS advierte que los trastornos mentales constituyen una carga importante para las sociedades y que la brecha de atención continúa siendo elevada. En la región de las Américas, solo alrededor del 2.1% del presupuesto de salud se destina a salud mental, según el Atlas de Salud Mental 2024 citado por este medio en su página oficial


La OMS informó en 2025 que más de 1,000 millones de personas en el mundo viven con algún trastorno de salud mental y reclamó una ampliación urgente de los servicios, mayor inversión y fortalecimiento del personal especializado.

En República Dominicana, las autoridades han respondido con más profesionales, unidades de intervención en crisis, camas y programas de atención.

Pero el éxito de una política de salud mental no debería medirse únicamente por cuántas unidades se inauguran o cuántas consultas se realizan.

También debería medirse por cuántas personas logran iniciar y completar un tratamiento, cuántas reciben sus medicamentos sin interrupciones, cuánto deben pagar de su bolsillo, cuánto esperan para conseguir una cita y qué sucede cuando una persona vuelve a presentar una crisis, en esto la pregunta que queda sobre la mesa.

Las cifras oficiales muestran una expansión de la oferta pública, mientras el CNSS ha iniciado una revisión del catálogo de prestaciones y se han adoptado medidas dirigidas a facilitar el acceso a medicamentos. 

Pero una política de salud mental verdaderamente efectiva debe ir más allá de responder cuando la crisis explota.

✅Debe detectar temprano.

✅Debe garantizar acceso.

✅Debe asegurar medicamentos.

✅Debe permitir continuidad.

✅Y debe proteger al paciente de que el costo económico o las barreras administrativas terminen convirtiéndose en una razón para abandonar su tratamiento.

Como parte de esta investigación entrevisté al psicólogo clínico. Benjamín Vásquez para conocer, desde la práctica profesional, cuáles son los principales problemas de salud mental que llegan a consulta y cuáles son las barreras que enfrentan los pacientes para acceder y mantener un tratamiento.

¿Dr. Vásquez cuáles son los principales motivos de consulta que está observando actualmente en sus pacientes?

Bueno Walddy, en consulta estamos observando con mucha frecuencia cuadros relacionados con ansiedad, depresión, estrés crónico, dificultades para dormir y problemas de adaptación relacionados con situaciones familiares, laborales y económicas. También vemos personas que llegan después de haber pasado mucho tiempo intentando manejar solas lo que sienten.

¿Cuál es el trastorno que aparece con mayor frecuencia en consulta?

En mi experiencia clínica, los síntomas y trastornos relacionados con la ansiedad aparecen con mucha frecuencia. Esto incluye ansiedad generalizada, crisis de ansiedad, preocupaciones excesivas, síntomas físicos asociados al estrés y dificultades para conciliar o mantener el sueño. La depresión también representa una parte importante de la demanda.

Es importante aclarar que no todo paciente que llega preocupado o estresado tiene un trastorno de ansiedad. El diagnóstico requiere una evaluación profesional y debe considerar la intensidad, duración y repercusión de los síntomas en la vida cotidiana.

¿Por qué considera que la ansiedad se está convirtiendo en un problema tan frecuente?

La ansiedad no tiene una sola causa. Estamos viviendo en un contexto donde muchas personas enfrentan simultáneamente presión económica, incertidumbre laboral, conflictos familiares, sobrecarga de responsabilidades, dificultades para descansar y una exposición permanente a información y estímulos a través de las redes sociales.

Cuando estos factores se mantienen durante mucho tiempo, pueden superar los recursos de afrontamiento de una persona y producir síntomas que ya requieren atención profesional.

¿Cuáles son las principales barreras para acceder a servicios de salud mental?

Hay varias. Una de las más importantes es el costo, especialmente cuando hablamos de tratamientos que requieren varias sesiones. La salud mental no siempre se resuelve en una consulta; muchas veces requiere un proceso sostenido.

También existen dificultades relacionadas con la disponibilidad de profesionales, los horarios, la distancia geográfica y, en algunos casos, la cobertura de los seguros médicos.

Otra barrera importante es el estigma. Todavía hay personas que sienten vergüenza de decir que están atravesando una depresión, ansiedad o cualquier otra dificultad emocional. Algunas interpretan pedir ayuda como una señal de debilidad, cuando en realidad buscar atención es una conducta de cuidado.

¿Tener un seguro médico significa que el paciente tiene garantizado el acceso a salud mental?

No necesariamente. Tener cobertura es un elemento importante, pero debemos diferenciar entre que un servicio esté contemplado y que el paciente pueda acceder a él de manera oportuna, suficiente y continua.

En salud mental la continuidad es fundamental. Si una persona necesita psicoterapia durante varios meses, pero encuentra dificultades para mantener las consultas, el proceso puede verse afectado.

¿Qué ocurre con las personas que no pueden pagar una terapia privada?

Ese es uno de los grandes desafíos. Una persona puede reconocer que necesita ayuda, pero si no tiene los recursos económicos puede postergar la consulta o abandonarla.

Por eso es fundamental fortalecer los servicios públicos de salud mental, integrar la atención psicológica en el primer nivel de atención y desarrollar mecanismos que permitan que las personas puedan recibir seguimiento sin que el factor económico determine quién puede o no completar un tratamiento.

“Después de la violencia, empezó otra batalla”

María Victoria Hernández, pensó que el día que logró alejarse de su agresor había terminado la parte más difícil.

Había pasado meses viviendo con miedo, intentando anticipar sus reacciones, midiendo cada palabra y escondiendo las consecuencias de una violencia que no siempre dejaba marcas visibles. Cuando finalmente decidió salir de esa relación, familiares y amigos le dijeron que había dado el primer paso hacia una nueva vida.

Pero fue entonces cuando descubrió que sobrevivir a la violencia no significaba automáticamente recuperar la tranquilidad.

Después de la agresión comenzaron las noches sin dormir, el miedo constante, los episodios de ansiedad y una sensación que le costaba explicar: aunque el agresor ya no estuviera frente a ella, sentía que la violencia seguía acompañándola.

“Yo pensaba que, cuando saliera de ahí, iba a estar bien. Pero no fue así. Mi cuerpo salió de esa casa, pero mi cabeza se quedó atrapada allí”, según nos narró

Ante el deterioro de su bienestar emocional, María decidió pedir ayuda profesional. No buscaba únicamente hablar de lo ocurrido. Quería volver a dormir, recuperar su seguridad, trabajar sin sentir que estaba a punto de quebrarse y poder estar presente para su familia.

Consiguió atención psicológica y comenzó un proceso que, por primera vez, le permitió ponerle nombre a algunas de las consecuencias de lo que había vivido.

Las citas no siempre estaban disponibles cuando las necesitaba. En algunos momentos tuvo que esperar, desplazarse o buscar alternativas para continuar. Cada interrupción significaba volver a preguntarse cómo podía sostener un proceso de recuperación que necesitaba tiempo.

«Cuando una persona levanta la mano para pedir apoyo, lo que busca es una salida, no un nuevo muro. Garantizar que esa mano encuentre una respuesta clara, humana y oportuna es la verdadera medida de nuestra empatía como sociedad. No sigamos sumando obstáculos donde urge compasión.»

El 10 de septiembre de 2026, el psicólogo clínico Aneury Ortiz, del Centro de Rehabilitación Sicosocial y Desarrollo Humano (RESIDE), explicó públicamente que las señales de alerta pueden aparecer mediante cambios importantes en el comportamiento habitual y estar relacionadas con un sufrimiento emocional que la persona percibe como insoportable. Entre las señales mencionó aislamiento, desesperanza, abandono de actividades y autocuidado, alteraciones del sueño y apetito y cambios en el consumo de sustancias, FUENTE: Central de Noticias.

“Las señales de alerta pueden manifestarse mediante cambios significativos en el comportamiento habitual de una persona, muchas veces relacionados con un sufrimiento emocional que esta percibe como insoportable”, explicó el psicólogo clínico Aneury Ortiz, de RESIDE.

La salud mental ya no puede permanecer en los márgenes de las conversaciones sobre salud pública y seguridad social.

Porque detrás de cada estadística existe una persona que, en algún momento, tuvo que decidir entre seguir soportando sus síntomas en silencio o pedir ayuda.

Y pedir ayuda debería ser el comienzo de una solución, no el inicio de otra cadena de obstáculos.

El verdadero desafío para el sistema no consiste únicamente en disponer de profesionales, abrir unidades o incluir prestaciones. Consiste en conseguir que la persona que necesita atención pueda recorrer todo el camino: encontrar ayuda, recibir un diagnóstico, iniciar un tratamiento y mantenerlo hasta donde sea clínicamente necesario.

La pregunta, entonces, no es solamente cuántas personas están sufriendo ansiedad, depresión u otros trastornos.

La pregunta es qué sucede con ellas después de levantar la mano y decir: “Necesito ayuda”.

Porque un sistema de salud mental verdaderamente accesible no debería esperar a que el sufrimiento se convierta en una crisis para responder.

Y mientras una parte de la población continúa enfrentando en silencio problemas que muchas veces no se ven, queda abierta la pregunta que dio origen a esta investigación: ¿está realmente preparado el sistema para atender esta crisis antes de que deje de ser silenciosa?

Centros públicos que ofrecen servicios de Salud Mental en RD

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En el sector privado, una consulta de psicoterapia individual puede rondar los RD$4,500. Por ejemplo, el centro Neurohealth publica ese precio para psicoterapia individual. En ese mismo centro, la consulta psiquiátrica cuesta RD$5,500 la primera vez y RD$5,000 las consultas de seguimiento. 

Esto significa que, sin incluir medicamentos, una persona que necesite una consulta psicológica semanal tendría un gasto aproximado de RD$20,000 al mes, tomando como referencia esos precios.

A esto se suma el costo de los medicamentos cuando son indicados por el especialista. El Sistema Dominicano de Información de Precios (SIDIP), de ProConsumidor, registra para abril de 2026 un precio promedio de RD$467.86 para una caja de 14 tabletas de fluoxetina de 20 mg en el segmento de medicamentos genéricos. 

Si ese medicamento fuera indicado a razón de una tableta diaria, dos cajas representarían aproximadamente RD$935.72 al mes, utilizando ese precio promedio como referencia. El costo real puede variar según farmacia, presentación y medicamento prescrito.

El PDSS no establece actualmente un número fijo de consultas psicológicas o psiquiátricas por año, como “10 consultas anuales”. Las consultas están contempladas dentro de las consultas ambulatorias. 

Desde el 1 de noviembre de 2025, el PDSS 11.0 establece para las consultas ambulatorias:

  • Cobertura: hasta RD$750 por consulta/evento.
  • ARS: cubre el 80 %.
  • Afiliado: 20 %, además de la cuota moderadora fija de RD$100 cuando corresponda dentro de la red.
  • La actualización incluye expresamente las consultas psicológicas y psiquiátricas.  

Pedir ayuda no es un acto de debilidad, sino un ejercicio supremo de valentía. Sin embargo, cuando el camino del alivio se convierte en un laberinto de burocracia y rechazo, la valentía se transforma en desgaste. Cambiar esta realidad no es solo un asunto de reformas o leyes; es un imperativo ético. Porque el primer paso hacia una solución nunca debería costar más que el problema mismo.

No podemos seguir permitiendo que las solicitudes de auxilio terminen sepultadas bajo montañas de trámites y frialdad institucional. Un sistema social verdaderamente funcional debe ser un refugio, no una carrera de obstáculos. Es hora de derribar las barreras y construir puentes. Pedir ayuda debe ser, de una vez por todas, el inicio de una solución, y jamás el origen de una nueva frustración.

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